El legado de Stanley Freed

El legado de Stanley Freed

01/may/2016

Hace casi un siglo, desarrolló las pozas de evaporación solar, marcando un antes y un después en la industria salitrera chilena. Hoy su bisnieto Sebastián recorrió por primera vez los lugares donde su antepasado hizo historia.

Sebastián Freed había estado antes en María Elena, pero esa vez no pudo conocer las pozas de evaporación solar que ideó su bisabuelo. Ahora, como estudiante de primer año de Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile logró mirar y recorrer el actual estado de este gran proyecto de ingeniería química donde se hizo presente la voluntad y el conocimiento del primer Freed que se estableció en Chile.

El joven de 18 años, fijó su mirada en estas enormes extensiones de piscinas de Coya Sur donde se inicia el sofisticado proceso de precipitación de sales para conseguir nitrato de sodio. Observar la obra de su bisabuelo era una forma de acercarse aún más a la historia de aquel hombre al que no conoció, pero que sin duda ha influido en los pasos que ahora da como novato de ingeniería. Sebastián Freed ha guardado fotos y artículos suyos, y dimensiona el talante de su perseverancia y gran contribución a la industria salitrera, y por ende, a la economía de Chile. Sabe que sus investigaciones fueron seguidas por científicos de todo el mundo y que fue catalogado por la prensa de esa época como uno de los más valiosos innovadores que ha conocido Chile: “… al Dr. Freed se le consideraba como el hombre que en el mundo tenía el más completo conocimiento sobre las características físicas y químicas del caliche”, señalaba El Mercurio de Antofagasta, en una publicación del sábado 4 de noviembre de 1950.

Nueva vida al salitre
El destacado ingeniero norteamericano había nacido en 1889, en Mount Pleasant, Pennsylvania. Desde pequeño, Edgar Stanley Freed fue un niño brillante, con múltiples intereses, pero su especial pasión por la química lo llevó a estudiar el pregrado en la University of Tennessee, Knoxville, y posteriormente a seguir un máster y doctorado en química en el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT). Prontamente fue contactado para trabajar en los laboratorios de investigación científica de la firma Guggenheim, en Nueva York; y al poco tiempo, en 1922, se le asignó Chile como destino, lo que marcaría su vida y también lo que dejaría huella en la industria de la minería e ingeniería nacional.

Stanley Freed llegó primero a Tocopilla, pasó luego por las oficinas salitreras de Santa Luisa y Victoria, para finalmente instalarse en María Elena, donde conoció a Amalia González, quien se encontraba viviendo con su hermana mayor, y con quien se casó y tuvo 2 hijos: Stanley (1935) y Clarke (1938), los que a su vez tuvieron dos y cuatro hijos, respectivamente, y entre ambos suman 5 nietos. En todas las generaciones que lo preceden existe un miembro llamado Stanley. El trabajo de Stanley Freed en nuestro país se focalizó en la investigación del cobre en Chuquicamata, ya que la industria del salitre iniciaba su decadencia; sin embargo, la firma Guggenheim visualizó una oportunidad en el alicaído mineral, y le asignó a Freed la misión de investigar nuevas formas de explotación y producción para el salitre. Como jefe del departamento de investigación de la compañía Anglo-Lautaro -hoy SQM-, estudió por más de diez años la meteorología de la Pampa, sus vientos, sus escazas neblinas, todo con el objetivo de un óptimo aprovechamiento industrial de residuos de caliche de baja ley con ayuda del sol nortino.

Con paciencia y perseverancia profundizó su conocimiento sobre los suelos de la pampa y, a través de constantes experimentos, llegó a proponer el “Sistema de Evaporación Solar”. El método era
aplicable en el desierto chileno dada las favorables condiciones de sol durante todo el año, y permitía bajar considerablemente los costos a través del desarrollo de pozas de evaporación solar. El procedimiento aprovechaba las grandes extensiones de terrenos salitrales con baja ley de caliche que no podían ser usados en los procedimientos antiguos. En su desarrollo, Stanley Freed debió lidiar con un problema propio de nuestro país, los fuertes sismos que podían provocar grietas con el consiguiente riesgo de hacer escurrir la solución. Para resolverlo, creó una mezcla para rellenar y sellar cualquier fisura que se produjera, mezcla actualmente conocida como “Cemento Freed”. Así comenzó una pequeña leyenda en torno a su figura: por sus rigurosas investigaciones y arduas noches de insomnio, y porque finalmente patentó un nuevo método para elaborar salitre.

Su valioso aporte, sumado al de otros ingenieros e investigadores, posibilitó la llegada de nuevos aires para el salitre, dando vida a las gigantescas plantas de María Elena (1926) y Pedro de Valdivia (1931).
Un ataque cardíaco se llevó a este gran innovador en 1950, a los 60 años, en el mismo pueblo donde vivió la mayor parte de su vida: María Elena. Su temprana partida fue un golpe para su familia, que había optado por vivir en Santiago en pro de la educación de sus hijos. Seis años después, en abril de 1956, la revista Time le dedicó un artículo por su gran contribución a la industria salitrera: “Chile. New life in the dessert”.

Su cuerpo fue embalsamado y llevado al cementerio de Antofagasta, tierra donde había dicho que quería descansar; su memoria sigue intacta en la pampa de María Elena, testigo de su legado, con la Planta de Evaporación Solar de Coya Sur, como su obra más evidente.